
Había una vez un príncipe que Arabia que tenia cinco mil esposas, el creía que las amaba a todas, estaba escrito en la ley, no podía despreciar a ninguna porque venían de pueblos lejanos y si las despreciaba ellas serian linchadas en sus pueblos, y como este era un príncipe bueno, las aceptaba.
De las 5000 esposas que tenia, él, amaba perdidamente, a una, le decían, amatista...por el peculiar color de sus ojos… ella era una mujer hermosa, quizás la mas hermosa de toda Arabia, el príncipe lo único que quería era amar a amatista y solo a ella, sabia que si se enteraban las demás esposas, seguramente la matarían.
Suponiendo esto, el príncipe, tomo la decisión de divorciarse de amatista para que fuera libre, y así poder amarla, quizás no como una esposa, pero si como una amante, el príncipe le pagaría todo, la mantendría por siempre.
Todas las noches el príncipe se escabullía de su palacio, para ver a su gran amor, dicen que el verdadero amor en las arenas sagradas de Arabia es bendecido y cuando no son maldecidos, el tiempo pasó y el príncipe se convirtió en sultán, y amatista envejeció como nunca, las arenas de Arabia son imperdonables, para una mujer sola…
El sultán estaba confundido, tenía a las mujeres más hermosas a su disposición y amaba perdidamente a una pobre mujer demacrada por el desierto. ¿Que tenía esta mujer?, que no tenían sus otras esposas, sus ojos –una voz le susurro- eso debe ser…
El sultán mando a sacarle los ojos a amatista, cuando los tuvo en la bandeja de plata, mando hacer unos collares con sus ojos…
Y así el sultán pudo hacerle el amor a sus 5000 esposas, cada vez que se acostaba con una, le decía que se pusiera el collar, para así… poder amar por siempre, los ojos de amatista.
Diego.
Podemos hacerle el amor a cuantas personas queramos, pero siempre vamos a amar a una sola persona…
De las 5000 esposas que tenia, él, amaba perdidamente, a una, le decían, amatista...por el peculiar color de sus ojos… ella era una mujer hermosa, quizás la mas hermosa de toda Arabia, el príncipe lo único que quería era amar a amatista y solo a ella, sabia que si se enteraban las demás esposas, seguramente la matarían.
Suponiendo esto, el príncipe, tomo la decisión de divorciarse de amatista para que fuera libre, y así poder amarla, quizás no como una esposa, pero si como una amante, el príncipe le pagaría todo, la mantendría por siempre.
Todas las noches el príncipe se escabullía de su palacio, para ver a su gran amor, dicen que el verdadero amor en las arenas sagradas de Arabia es bendecido y cuando no son maldecidos, el tiempo pasó y el príncipe se convirtió en sultán, y amatista envejeció como nunca, las arenas de Arabia son imperdonables, para una mujer sola…
El sultán estaba confundido, tenía a las mujeres más hermosas a su disposición y amaba perdidamente a una pobre mujer demacrada por el desierto. ¿Que tenía esta mujer?, que no tenían sus otras esposas, sus ojos –una voz le susurro- eso debe ser…
El sultán mando a sacarle los ojos a amatista, cuando los tuvo en la bandeja de plata, mando hacer unos collares con sus ojos…
Y así el sultán pudo hacerle el amor a sus 5000 esposas, cada vez que se acostaba con una, le decía que se pusiera el collar, para así… poder amar por siempre, los ojos de amatista.
Diego.
Podemos hacerle el amor a cuantas personas queramos, pero siempre vamos a amar a una sola persona…
